Ubicado en el Muelle de la Albareda, el nuevo Centro de Arte Botín que se alza en plena bahía de Santander, abrió sus puertas el 23 de junio. El proyecto diseñado por el arquitecto Renzo Piano en colaboración con Luis Vidal Arquitectos ha sido concebido como un gran espacio “para el arte, la cultura y la actividad formativa”. En sus 10.285 m2 se ha ensamblado un edificio en voladizo sobre el mar que cuenta con dos amplias salas de exposiciones, un anfiteatro, un auditorio para 312 personas, aulas formativas y hasta una taberna. Debajo, los históricos Jardines de Pereda, que para la ocasión han sido ampliados y remodelados por el paisajista Fernando Caruncho.
Después de cinco años de obras, no exentas de retrasos, dificultades técnicas y sobrecostes, el nuevo Centro de Arte Botín abrió sus puertas el 23 de junio, convirtiéndose en un punto de encuentro con el arte, la música, el cine, el teatro y la literatura. El espacio nace como un proyecto orgánico de la Fundación Botín, creada hace más de medio siglo por el banquero Marcelino Botín y su esposa Carmen Yllera, concebido para ser un centro de arte privado de referencia en Europa, parte del circuito internacional de centros de arte de primer nivel, cuyo objetivo es generar desarrollo social aprovechando el potencial que tienen las artes para despertar la creatividad.
El prestigioso arquitecto Renzo Piano, ganador del Premio Pritzker 1998 y coautor del Centro Pompidou de París o el rascacielos The Shard en Londres, firma así su primera obra en España y lo hace en colaboración con el estudio Luis Vidal Arquitectos. Ubicado en plena bahía de Santander, en el Muelle de la Albareda, el espacio se organiza en torno a tres subproyectos principales. El primero consiste en liberar un área hasta ahora portuaria, el antiguo aparcamiento del ferry, y eliminar el tráfico rodado que la aislaba mediante la construcción de un túnel de 363,87 m2. El segundo se basa en la ampliación de los históricos Jardines de Pereda, duplicando su superficie hasta los 48.000 m2 y llevándolos hasta la misma orilla de la bahía, para que ya nada impida la continuidad entre el casco histórico y el puerto, haciendo posible volver a mirar de nuevo al mar desde el centro de Santander. El tercer subproyecto, finalmente, hace aterrizar sobre el borde del muelle, situándolo en voladizo sobre el agua, un centro de arte y cultura concebido como una especie de pequeña nave.
El edificio se ha articulado en dos volúmenes: el oeste dedicado al arte y el este a las actividades culturales y formativas, unidos por el “pachinko”, uno de los espacios más característicos del centro, que consiste en una serie de pasarelas y plazas de cristal situadas a 7 m de altura y suspendidas en voladizo sobre la bahía, cuya estructura fue realizada por Horta Coslada. Así, en sus 10.285 m2 de superficie levita sobre el mar Cantábrico un edificio que dispone de dos amplias salas de exposiciones (2.459 m² útiles en conjunto); un anfiteatro; un auditorio para 305 personas y capacidad máxima para 312; aulas formativas; una taberna marinera llamada ‘El Muelle’, dirigida por el chef Jesús Sánchez; una tienda y una azotea, que ofrece una nueva mirada a la ciudad y a la bahía.
Otra de las innovaciones que supone la obra es su apuesta por la eficiencia energética. En este sentido, el sistema de producción de aire climatizado aprovecha la temperatura del agua del mar, lo que reduce considerablemente el consumo de energía eléctrica. Además, el centro dispone de un lucernario de 792,60 m2 con lamas para facilitar la regulación de la entrada de luz natural, realizado por Folcrá, que se ha ocupado también de los muros cortina.